Durante el embarazo y el postparto, muchas mujeres piensan en el suelo pélvico únicamente cuando aparecen síntomas como pérdidas de orina o sensación de debilidad. Sin embargo, el suelo pélvico trabaja cada día, en cada movimiento, incluso en los gestos más simples que no solemos cuestionar.
Uno de esos gestos es levantarse del sofá, de la cama o de una silla.
Un movimiento automático… que no siempre es eficiente
Cuando nos levantamos rápidamente o sin conciencia corporal, suele aumentar la presión dentro del abdomen. Esa presión no desaparece, sino que se redistribuye hacia las estructuras que dan soporte: el diafragma, la pared abdominal y el suelo pélvico.
En mujeres embarazadas o en el postparto, este sistema de presión ya está más sensible o adaptado a cambios importantes. Esto no significa que haya que evitar moverse, sino aprender a hacerlo de una forma más eficiente.
La importancia de la gestión de presiones
El concepto clave aquí es la “gestión de presiones intraabdominales”. No se trata de no generar presión (algo imposible en la vida diaria), sino de aprender cómo el cuerpo puede distribuirla mejor.
Cuando hay una buena coordinación entre la respiración, la musculatura abdominal profunda y el suelo pélvico, el cuerpo trabaja de forma más eficiente y protegida.
Un cambio pequeño con gran impacto
Un ajuste tan simple como:
- levantarse primero hacia una posición sentada
- apoyar bien los pies en el suelo
- y subir con control
puede reducir la carga innecesaria sobre el suelo pélvico.
No es cuestión de hacerlo perfecto, sino de ser más consciente del movimiento.
Después del embarazo: volver al cuerpo con confianza
El postparto no es solo una etapa de recuperación física, sino también de reconexión con el cuerpo. Muchas mujeres sienten que “ya no se mueven igual” o que su abdomen y suelo pélvico responden de forma diferente.
Esto es completamente normal. El objetivo no es volver a lo de antes, sino construir una nueva forma de moverse que sea funcional, fuerte y respetuosa con el cuerpo.
Acompañamiento y educación
En consulta veo a diario cómo pequeños cambios en la forma de moverse, respirar y activar la musculatura pueden mejorar significativamente síntomas como molestias lumbares, sensación de presión o debilidad del suelo pélvico.
La clave no está en hacer más, sino en hacer mejor.
Conclusión
El suelo pélvico no trabaja de forma aislada. Es parte de un sistema dinámico que responde a cada movimiento del día.
Y lo más interesante es que no siempre necesitamos grandes cambios para mejorar nuestra salud: a veces, basta con empezar por algo tan simple como la forma en la que nos levantamos del sofá.